El arte de saber escuchar (segunda parte)

El arte de saber escuchar (segunda parte)

Por: Fernando Alberca

La Escucha Es Terapéutica. La escucha profunda y respetuosa proporciona unos notables efectos beneficiosos, no solamente para el que es escuchado, sino también para el que sabe escuchar. Cuando una persona se encuentra en una situación de crisis emocional, solo con el hecho de compartir aquello que le causa sufrimiento y poder desahogarse con alguien que le respeta y no le juzga, efectivamente se “des-ahoga” y experimenta una gran liberación interior, porque las penas , compartidas, “pesan” menos. La buena escucha es en sí misma terapéutica. Además si la escucha ha sido realmente activa, de manera que la persona escuchada se ha sentido acogida y el escuchador ha sabido encontrar las palabras precisas y cálidas para formular las preguntas oportunas que abren la inteligencia, la persona escuchada puede repensarse su situación y replantearse las posibles decisiones que deba tomar su vida. Así mismo cuando una persona nos dedica su tiempo y nos escucha sin rechazo, sin interrumpirnos cuando lo que necesitamos es hablar, prestándonos su atención, entonces nuestra autoestima se siente reforzada y nos sentimos más capaces de encarar situaciones sufrientes que nos demandan una respuesta.

Escuchar Para Crecer La escucha activa también produce efectos muy beneficiosos para quien sabe escuchar adecuadamente. En primer lugar, dominar el arte de la escucha es un modo de crecer como persona, Porque saber escuchar implica estar en disposición de aprender, y para ello es necesario liberarse de prejuicios y de las voces interiores que no nos dejarían atender la voz del que habla desde fuera. Saber escuchar es también ganar en sensibilidad humana. La escucha activa obliga a mirar hacia fuera y dejar de mirarse “el ombligo”. Solo se puede aprender desde una disposición de apertura al otro y con ganas de sorprenderse. Únicamente se puede aprender si se sabe escuchar. Esa predisposición al aprendizaje es la que va a dar al buen escuchador la posibilidad de ampliar su visión del mundo. Quien sabe escuchar comprende que existen tantas realidades como seres humanos, que cada uno tiene su verdad y nadie tiene el monopolio de la verdad absoluta. El buen escuchador desarrolla el sentido de la prudencia y de la humildad. Quien piensa que todo lo sabe, no escucha. Los engreídos, los orgullosos, no escuchan a los demás. Como subraya Francesc Torralba Roselló” la escucha “es un acto de receptividad y, por ello, solo puede escuchar quien limpia sus poros de su ser y permite la libre circulación entre lo exterior y lo interior. En este sentido, deberíamos escuchar sobre todo, a los que piensan de un modo distinto, a los que creen en otro dios, a los que viven de un modo radicalmente diferente al propio. Todo ello tendría como resultado un conocimiento más profundo de la humanidad del hombre.

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Lo conforman mujeres y hombres con verdadera vocación de servicio, porque realizamos la selección para encontrar al personal con mejores aptitudes para cada labor encomendada…

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